Mientras espera que se apruebe su solicitud de protección internacional, el colombiano Carlos Rodelo despierta cada madrugada sacudido por la ansiedad. Su historia representa la de muchas personas que tuvieron que huir de su país para salvar su integridad, emprendiendo un nuevo sueño en Estados Unidos. Una nacion que terminó dándole la espalda por ser migrante ya que fue arrestado y deportado a un tercer país tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
Carlos Rodelo huyó de Colombia tras recibir amenazas y encontró refugio en Estados Unidos, donde obtuvo una protección que impedía su devolución a su país de origen. Sin embargo, tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, fue detenido y deportado a la República Democrática del Congo, donde permaneció bajo vigilancia. Ahora, desde España, adonde logró llegar tras escapar, atendió la llamada de RFI para contar su historia.
«Me llamo Carlos Rodelo. Soy oriundo de Colombia, de Barranquilla, Colombia. En Barranquilla tenía mi trabajo, pero a la vez yo tenía unos negocios y empecé a ser víctima de extorsiones. En realidad, al principio yo no lo vi tan grave, pero cuando ya pasó el tiempo, que me empezaron a extorsionar más fuerte, me di cuenta de que la cosa era un poco más grave de lo que yo creía. Me empezaron a pedir dinero. Al principio empecé a acceder a pagar, pero después yo dije que no iba a pagar más, porque era una cantidad que yo no podía pagar.
Traté de poner la denuncia ante las autoridades colombianas, pero el mismo señor que me iba a tomar la denuncia me dijo que podía hacerlo, pero me advirtió que, si lo hacía, lo más probable era que al día siguiente las personas se enteraran. Muchas autoridades que trabajan en la calle reciben dinero de esas extorsiones para que los dejen trabajar.
Entonces decidí no poner la denuncia por miedo y no seguir pagando. Uno de los puestos que yo tenía me lo derribaron, me lo tiraron al piso. Otro día, llegando a mi casa, me abordaron dos motos y cuatro hombres. En la actualidad tengo una cicatriz llegando al pómulo derecho de mi cara. Me la hicieron ese día porque me golpearon. No sé si fue con un anillo, no sé con qué me golpearon, y lo único que me dijeron fue: ‘Eso es para ver si te quedan ganas de pagar’.
Me dio mucho miedo. Me partieron una vez el vidrio de un carro que yo tenía allá. Me iban a buscar a mi apartamento, donde actualmente vivía mi familia. Entonces eso también me dio miedo, porque no quería que se dieran cuenta de que yo tenía nexos a los que les podrían pasar algo como un secuestro.
Así pues, decidí viajar a los Estados Unidos. Llegué por México. Entré el 8 de mayo del 2023. Ahí me tuvieron retenido cinco días aproximadamente y ellos me dieron la libertad, me dejaron entrar a Estados Unidos. Me dijeron que tenía que acceder a un programa de migración donde yo tenía que ir a presentarme a firmar.
Llegué a Maryland, cerca de Washington D. C. Yo residía en Maryland; ahí residí todo el tiempo que estuve en los Estados Unidos. Duré tres años viviendo en los Estados Unidos. Tuve mi seguro social, mi permiso de trabajo, tenía mi trabajo activo y me enfrenté a los jueces y a las cortes que tenía que enfrentar. En la última corte, una jueza federal de Maryland me otorga a mí un CAT, un withholding, que es una protección contra la tortura. Ella me dice que con este documento no puedo salir de los Estados Unidos.
En ese momento tenía mi trabajo, estaba bien, iba a las firmas de migración, seguía yendo. A mí me otorgan el CAT. Una protección donde Estados Unidos no puede enviarme a mi país de origen porque yo corro peligro allí».
Un documento que te impide que fueras expulsado a Colombia, pero no a un tercer país.
«En su momento, no. La jueza me dijo: «No puedes ir a Colombia ni a ninguna parte. Tú puedes quedarte en los Estados Unidos». Yo le dije: ‘Perfecto, no hay ninguna clase de problema’. A mí nunca la jueza me habló de que me buscaran un tercer país o algo.
Cuando entra ya el nuevo gobierno, cambian muchas leyes. A pesar de tener mi protección podrían buscarme un tercer país. Pero a mí nunca me lo informaron, nunca nadie me dijo eso. Es más, yo iba a las citas de migración y a mí nunca en migración me dijeron: «Mire, a usted le están buscando un tercer país». Nunca me dijeron eso. Yo estoy en España actualmente y no tengo ni siquiera orden de expulsión ni orden de remoción de los Estados Unidos».
Antes de centrarnos en España ¿cómo fue ese día? ¿Cómo fue el día en el que te detuvieron?
«Me llaman con la falsa excusa de que voy a ir a firmar. Yo digo: «Bueno, como siempre he ido». Yo no le vi nada malo. Voy a las oficinas de migración y, cuando voy a la oficina de migración, hay tres agentes del ICE esperándome. O sea, me engañaron para ir hasta allá.
Al final, ellos me trasladan hasta unas oficinas que ellos tienen ahí en Maryland, en Baltimore, y ahí yo duré cinco días. Al quinto día, ellos me llevan hasta el aeropuerto y me trasladan hasta Louisiana. En Louisiana duré nueve meses retenido en una prisión».






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